La palabra “Infertilidad” llegó a nuestras vidas

Mi marido y yo quisimos siempre tener familia. Cuando este momento llegó nos dimos cuenta de que algo no iba bien. Entre pruebas y análisis la palabra “Infertilidad” llegó a nuestras vidas.

Desconocíamos todo lo que tenía que ver con ella: sus causas, su tratamiento, las pruebas, el desgaste moral… La sanidad pública nos puso en una lista de 18 meses para empezar con el tratamiento y decidimos que era tiempo suficiente para buscar una alternativa.

Encontrar una clínica de fertilidad supone un estrés añadido al problema. Los tratamientos son caros y realmente no sabes qué te vas a encontrar o qué pasos tienes que seguir. Vas a poner en sus manos todas tus expectativas y necesitas confiar en ellos. El tiempo siempre juega en tu contra y quieres hacer la mejor elección y no equivocarte.

Nosotros nos hicimos la siguiente pregunta ¿Qué le pedimos a la clínica de fertilidad?

 

  • Cercana a nuestro domicilio y con amplio horario laboral, pues tendríamos que ir a menudo y trabajando los dos, a turnos y con jornada partida.
  • Asequible y con facilidades de pago, no recurrir a un préstamo en la medida de lo posible.
  • Trato profesional personalizado y a la vez cercano y familiar, ser tratados con franqueza y en términos sencillos. Conocer nuestras posibilidades y los pasos a seguir desde la primera consulta. Y por supuesto, no ser un caso más en una clínica grande.

 

Y así llegamos a In Vitam. Está será siempre una de las elecciones más acertadas de nuestras vidas. Nos hemos sentidos arropados y entendidos desde el principio. Es una clínica familiar con profesionales como la copa de un pino. Nos han atendido siempre con una sonrisa, han contestado con profesionalidad a todas nuestras preguntas a lo largo del proceso, escuchando nuestra opinión y atendiendo a nuestros deseos y han tenido palabras de ánimo y esperanza en los momentos más amargos.

El tratamiento es una carrera de fondo y nos hemos sentido acompañados en todo momento. Daba igual qué hora fuese o el día de la semana, vacaciones o no, siempre he podido contactar con ellas, e incluso hacer partes del tratamiento en vacaciones o fin de semana.

Son unas enamoradas de su trabajo y lo transmiten cada día, con cada paciente.

Nos sentimos muy afortunados de haber dado con ellas. El primer tratamiento no pudo ser y siguieron luchando con nosotros a nuestro lado hasta lograr este pequeño milagro que empieza a dar pataditas en mi vientre y esperamos poder recibir en casa a primeros de año.

Nunca podremos agradecerles lo suficiente todo su esfuerzo. Ariadna, Jana, Irene, Ana, Mónica, Ana,…no hace falta compartir la sangre para formar parte de nuestra familia. ¡¡Gracias de corazón!!

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